Ramiro Jimenez

Edición por Soy Quien Soy

febrero 26, 2019

Hola, mi nombre es Ramiro, tengo 24 años y soy homosexual.  Mi vida, como la de muchos, no ha sido fácil, pero ahora estoy motivado a contar mi historia para poder inspirar a más personas a sobrellevar el proceso de aceptación que implica ser quienes somos.

A mi mente viene el momento en el que empecé a tener memoria, tenía siete años, era un niño muy tímido, acosado e insultado por mi familia – tíos y primos – quienes veían algo diferente en mí, ya fuera mi forma de ser, un tanto afeminada, o bien, mi manera de caminar.  Esto hacía que los insultos como joto y marica  fueran frecuentes.   Aún no entendía lo que eso significaba,  muy dentro de mí la atracción por los niños de clase era un secreto que debía guardar por no ser correcto, o al menos era así como lo veía retratado en los programas que Televisa producía que trataban de manera burlesca la homosexualidad.

Al pasar los años, cuando estudiaba en la primaria, mi atracción hacia mis compañeritos – con quienes jugaba inocentemente a esa edad-  se hacía más fuerte; el constante acoso que vivía por parte de mi familia se convirtió en el “primer monstruo” al que yo temía. En mi cabeza evitaba todo tipo de pensamientos hacia quienes eran lo mismo que yo, entonces la ansiedad hizo estragos en mí hasta sufrir un trastorno alimenticio llamado obesidad, y a su vez, generando un estrés en mi cuerpo, impidiendo que en las noches pudiera conciliar el sueño -siendo apenas un niño de 11 años – por miedo a mi latente homosexualidad.

En la secundaria, los insultos no solo provenían de quienes llamaba “familia” si no también de los compañeros que se burlaban de mi obesidad y de mi forma de vestir. Insultos como cerdo y marrano eran parte del día a día, aunque disimulaba no ser tan afeminado sumaban la palabra maricón a la lista.  Pasé tres años sufriendo lo que ahora llaman bullying.

El descubrimiento de mi homosexualidad sucedió cuando entré a cursar la preparatoria, en el primer día de clases un chico llamado Rosendo se acercó y me ofreció su amistad.  Al paso de los meses el trato se fue haciendo más cercano, salíamos al cine y pasábamos tiempo juntos. Posteriormente, conforme pasaron los años, mis sentimientos por él se convirtieron en el primer amor más puro hacia un hombre, no obstante tuve que mantener el secreto por casi tres años.   La adolescencia producía cambios en mí, aunando noches enteras llorando sin parar por sentir amor hacia quien era un mejor amigo y de quien sabía hasta ese momento, que no podría corresponder a lo que yo estaba sintiendo.

Esos momentos de lucha interna y de sobrellevar una depresión que desde niño padecía, me llevaron a acercarme a compañeros de clase que pronto se convirtieron en buenos “amigos” según mi juicio. Convivíamos en mis tiempos libres*, pronto las chicas  fueron mis asiduas confidentes,  les contaba todo de ese gran amor hacia Rosendo.   Lamentablemente descubrí que no eran las amistades correctas, pues al  momento de compartir con los varones del grupo, éstas evitaban los temas acerca de homosexualidad e ignoraban las críticas homofóbicas que ellos hacían.   Esto era normal para mí, pensaba que debía soportar hasta obtener su aprobación.

Al iniciar la universidad, decidí revelar a Rosendo mis sentimientos y el amor que por muchos años mantuve en silencio por miedo a romper nuestra amistad. Lo tomó de forma sorpresiva, asegurándome que nuestro trato nunca terminaría, más yo no sabía que era el comienzo del peor infierno que me ha tocado vivir hasta la fecha, el chico que era mi mejor amigo se convertiría en mi depredador y abusador.

Insultos, humillaciones y golpes se hicieron frecuentes, tenía prohibido decirle a los demás acerca de mi homosexualidad debido a la “vergüenza” a la que yo lo iba a exponer, la ilusión de un falso “amor” que decía sentir por mí, pasando noches enteras sin dormir por hacer sus trabajos escolares, pues era la forma de tenerlo contento y de recibir una migaja de cariño y compasión.   Siendo yo una persona con un grado de obesidad pensaba que era la única persona que se fijaría en mí, causando una depresión más fuerte en las que yo cortaba mis piernas con una navaja, me cubría también los golpes que recibía de él y todo esto me llevó a pensar en el suicidio.

Hasta que un día me armé de valor y terminé con la relación enfermiza que yo también había creado: él por hacer y yo por soportar.   Empecé con una dieta balanceada y ejercicio, en el transcurso de algunos meses logré bajar 35 kilos hasta quedar en un peso normal. Comencé a abrir mi mente al mundo, conocí a un chico llamado Jesús del que me enamoré desde el primer instante, se convirtió en mi primer novio oficial. Sin embargo, meses después, descubriría una infidelidad que se convertiría en otra desilusión en mi vida; aún escondía lo que realmente era ante una de las personas más importantes: mi madre.

Un día llegando a casa después de estar con Jesús, mi madre comenzó a insultarme diciendo que mi hermana me había visto con un chico que era homosexual. El momento había llegado, decidí revelarle la verdad sobre lo que yo era. Rompió en llanto diciendo que debería conocer chicas y que quizá estaba confundido, que debía ir con un psicólogo. Después de esto, pasé una semana entera fuera de casa, hasta que mi madre me pidió volver diciendo que yo era su hijo y que me aceptaba como yo era, homosexual.

A mis 23 años logré terminar mi carrera universitaria, entendiendo que el pasado y todo lo vivido me habían hecho más fuerte, capaz de soportar cualquier adversidad, sintiendo orgullo y felicidad por ser quien soy.  Ahora me acepto y soy libre ante el mundo. Por toda esa experiencia logré salir del infierno y resurgir de mis cenizas como un Ave Fénix. Hace algunos meses volví a México, después de tener la oportunidad de estudiar un postgrado en Barcelona, España. Fue en ese lugar en donde conocí el verdadero significado de la amistad con un chico español llamado Adrià Colorado, un joven diseñador de modas que se convirtió en mi primer verdadero amigo, de quien aprendí cosas muy valiosas; como sabemos, Barcelona es una ciudad abiertamente gay en la que viví por 1 año, tuve la dicha de estar presente en el PRIDE Barcelona 2018, ahí bailé, grité y canté lo orgulloso que soy de ser homosexual hasta más no poder.   Actualmente estoy escribiendo un libro basado en mi vida que me gustaría publicar en algún tiempo, convertirme en un activista social, poder ayudar a más chicos que pasaron lo mismo que yo e inspirarlos a que no deben rendirse ni nunca permitir que nadie les impida ser ellos mismos.

Puedes encontrar a Ramiro Jimenez en Instagram ( @ramirinjimnz24 ).

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