Martin Araujo

Edición por Soy Quien Soy

marzo 19, 2019

Mi nombre es Martin Araujo, tengo 23 años y soy ingeniero civil, pero eso es algo que sabrías si vieras el perfil de cualquiera de mis redes sociales.

Siempre he sabido que soy homosexual, aunque la aceptación vino mucho después. Desde niño me fue más fácil relacionarme con mujeres que con los hombres de mi edad. Tal vez porque ellos se daban cuenta que había algo “raro” en mí, que no encajaba y esto venía acompañado de  burlas e insultos. Posiblemente ésta fue una de las principales razones por las que decidí negar mi orientación sexual y seguir con los roles que marcaba la sociedad.

Cuando cumplí 18 años, estando en segundo semestre de universidad, conocí a un chico abiertamente homosexual, quien quería intentar algo conmigo y yo insistía en que solo podía brindarle mi amistad porque era heterosexual,  cuando yo sabía perfectamente que eso era mentira y me moría de ganas por conocerlo.

Toda esta situación me provocó una inestabilidad emocional muy grande pues yo mismo me estaba negando la oportunidad de ser feliz.  Decidí hablarlo con la persona más cercana a mí: mi prima; indudablemente tenía miedo de su reacción, si esto iba a cambiar algo en nuestra relación… pero lo hice:  Recibí aceptación, consuelo y cariño de su parte, ¿saben algo? Sentí un alivio muy grande de decirlo por primera vez… soy gay.

En ese instante, recuerdo que lloraba mientras la abrazaba, porque entendía que a partir de ese momento iba a tener a alguien con quien podría ser yo. Después de eso, tenía la certeza de que podía decirlo no solo una vez, sino las veces que fueran necesarias para aceptar la realidad: soy gay y no hay nada de malo en ello.

Y así fue. Lo hablé con mis amigos más cercanos y mi zona de confort se iba haciendo más grande cada vez, poco a poco podía ser yo sin necesidad de pretender o esconderme.  Me di la oportunidad de dejarme llevar por mis sentimientos y comencé a salir con un chico. Nunca había experimentado esa sensación. Pude conocer lo que se sentía estar ilusionado, emocionado por ver a alguien, y compartir mi tiempo con ese ser especial. Todos me habían hablado de lo que era estar “enamorado” y estaba feliz de estar viviendo este sentimiento al fin, no obstante había un problema a todo esto… era a escondidas de mi familia.

Mi vida seguía siendo inventar pretextos y mentiras acerca de dónde estaba y con quién estaba.  Como cualquier adolescente de 18 años, sufrí mi primera desilusión amorosa e ingenuamente sentí que mi mundo se venía abajo.  Todos podían percatarse de mi cambio de ánimo repentino, era más que claro que algo no andaba bien. mi madre, sobre todo, lo notó, la mujer que me engendró y que me conocía mejor que nadie.

Un día, mientras lloraba, me pidió que la llevara en el coche a un mandado y claro, ahí aprovechó para interrogarme y preguntarme qué estaba pasando.  Recuerdo bien que me preguntó si tenía problemas escolares, de dinero e incluso si andaba en drogas, a lo que yo contesté que no. Sin embargo ella intuía que eran problemas amorosos;  me cuestionó si acaso tenía problemas con una novia, nuevamente le respondí que no y su siguiente pregunta fue “¿con un novio?”.  Yo sabía que era ahora o nunca, ella ya lo percibía, era la oportunidad para contárselo, la situación idónea para acabar con todas las mentiras y hacer el cambio que mi vida necesitaba. Comencé a llorar y creo que el llanto habló por mí. Ante todo esto, ella reaccionó de la mejor manera posible, diciéndome que me esperaba una vida difícil pero si estaba seguro de que eso sentía y eso quería para mi vida, ella me apoyaba.

Con mi padre fue una historia totalmente diferente.  Lo único que le pedí a mi madre cuando lo hablamos, fue que no se lo contara a mi padre, porque conocía exactamente cómo iba a reaccionar, él era una persona muy cerrada que siempre hacía comentarios despectivos hacia las personas homosexuales y la verdad es que tenía miedo. Cuando se enteró fue como una guerra civil dentro de casa, gritos y palabras fuertes, podría citar cada una de las cosas que me dijo – porque siguen en mi cabeza –  en resumen, expresó todo lo que un padre jamás debería decirle a un hijo. Por un segundo pensé en callarme, negarlo y simplemente ignorarlo, pero estaba cansado de esconderme y quería que él supiera quien soy yo en realidad. Era momento de que alguien cambiara su mentalidad y sólo podía ser posible explicándole cómo me sentía.

Fue una época muy difícil – la peor hasta ahora en mi vida -,  un proceso delicado que duró varios meses, creí que nunca acabarían las discusiones, pero mi madre fue buena intermediaria y poco a poco mi padre intentó recuperar el vínculo que se había roto meses atrás.

Actualmente ya no existe problema alguno con mi familia en el tema de mi sexualidad, incluyendo a mis padres, hermano, tíos y primos, incluso han conocido a varias personas con las que he salido y son bien recibidos.

Como lo mencioné anteriormente, soy ing. civil y muchos pensarán que el ambiente en una carrera de ingeniería o desempeñarte en este ámbito laboral donde el 80% de las personas son hombres y 95% de estos son heterosexuales, es difícil, no obstante para mí no lo ha sido.

Antes de salir del clóset, muchas personas hacían comentarios homofóbicos, incluidos mis profesores de la carrera.  ¿Qué cambió después de salir del closet? Muchas cosas, las personas omitían sus comentarios, – por respeto – en mi presencia;  muchos incluso pidieron disculpas si alguna vez habían dicho algo ofensivo. Empezó a normalizarse el tener un compañero gay, sobre todo con personas que antes eran ajenas a la causa, comenzaron a defenderla, pues se dieron cuenta de que muchas de las cosas que se hablan sobre la comunidad LGBT+ son sólo tabúes, estereotipos o etiquetas que la sociedad pone sin razón.  El tener a una persona homosexual dentro de su círculo social abrió su mentalidad, o por lo menos la de la mayoría. Mis amigos fueron una pieza fundamental en todo esto, su apoyo me permitió sentirme cómodo y desempeñarme en el ámbito que quería.

En el aspecto laboral, mi orientación no ha sido un impedimento hasta ahora, soy fiel creyente de que cuando uno hace bien su trabajo, éste habla por sí mismo y se gana el respeto de las personas.

Siempre van a existir personas que no lo acepten, que no lo vean correcto.  Evita a ese tipo de personas. Si no te respetan, quieren cambiarte o no te aceptan tal y como eres, no deben estar en tu vida.  Rodéate de personas que aporten, que fomenten la inclusión y que den la cara por ti, así como tú la darías por ellos. Ser homosexual no te hace ni más ni menos, ser tú mismo es lo que te hace especial y destacar entre los demás.  No hay nada de malo contigo, todo lo que estás viviendo – o viviste- es experiencia, y te ha hecho la persona que eres ahora. No te preocupes IT GETS BETTER.

Puedes encontrar a Martin en Instagram ( @MartinAraujo20) o Twitter ( @mart_araujo )

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