Felipe Flores

Edición por Soy Quien Soy

septiembre 18, 2019

Dios y el Arcoíris

Este escrito es, quizá, lo más íntimo que he redactado en años ya que habla sobre la lucha personal que tuve con mi fe antes de armarme de valor para salir del clóset. Lo comparto con la intención de visibilizar a quienes han pasado por lo mismo que yo; de sensibilizar a quienes tienen familia y a alguien cercano con una orientación sexual o identidad de género no “tradicional”; de confirmar que hay un Dios que ama a quienes ondeamos la bandera arcoíris si así deseamos creerlo.

Soy parte de la tercera generación de mi familia que es miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Desde muy chico crecí relacionado con los valores, dogmas y costumbres que caracterizan a esa religión al grado de tomar la gran mayoría de mis acciones según la vida cristiana desde la perspectiva mormona. Toda mi adolescencia estuvo repleta de actividades extracurriculares del orden religioso culminando en los dos años que serví como misionero de tiempo completo en el sur de México. Fue un par de años después de haber regresado a casa tras esa labor humanitaria que acepté mi orientación sexual y decidí que únicamente sería feliz si seguía el camino que indicaba mi corazón, es decir, aceptando que estaba atraído en todos los niveles hacia personas del mismo sexo.

Con base a lo que aprendí que era “únicamente correcto” a los ojos de Dios, aspiraba a formar una familia tradicional al lado de una mujer y engendrando a mis propios hijos. Tuve unas cuantas relaciones sentimentales con chicas – todas miembros de la misma Iglesia – desde mi adolescencia hasta los 23 años. A pesar de haberlas querido mucho, tal vez amado, jamás sentí esa conexión trascendental que se supone tendría con mi pareja. Siempre faltaba algo: a veces lo intelectual, otras lo emocional y también lo físico. Y, precisamente por eso que faltaba, forzaba las relaciones hasta que colapsaban. Algo dentro de mí me susurraba que la razón se debía a mi sexualidad, pero me rehusaba a aceptar esa opción ya que no encajaba dentro de mi plan perfecto de vida.

Hace tres años concluyó mi última relación sentimental con una mujer. El rompimiento me afectó emocionalmente más de lo que esperaba y, para mi sorpresa, afectó mi condición y estatus social en la comunidad religiosa. Harto de todo y de todos, tomé el término de mi relación como pretexto para “salirme del guacal” y comenzar a experimentar todo lo que alguna vez reprimí. Durante esos meses de descontrol tuve mi primer acercamiento físico con un hombre, lo cual – lo digo de la manera más sincera posible – me ocasionó una cruda moral de muchas semanas. Mis papás notaron mi cambio de humor y trataron muchas veces de saber qué pasaba en mi vida. Logré encontrar el momento perfecto para decirles mi sentir, pero no lo hice como una salida de clóset. Asumí que era una etapa de experimentación la cual terminaría eventualmente. A lo largo del año que transcurrió, traté de seguir activo en la Iglesia mientras me liberaba sexualmente. Fue cuando tuve mi primera relación sentimental con un chico y acepté mi orientación sexual.

Una vez que todo hizo clic en mi cabeza, comencé un proceso de aceptación que me tomó meses concluir. Necesitaba llegar a la certeza personal de que Dios aún me amaba y que estaba bien ser gay. No todos lo entienden, pero para quienes crecimos en un ambiente religioso que llegamos a amar y a volver el centro de nuestras vidas, soltarlo significaba perderlo todo. Cuando logré sentirme otra vez pleno espiritualmente hablando, inicié el arduo camino de salir del clóset con mi familia y amigos. En resumen, puedo decir que me fue bastante bien. Cuento con una red de apoyo formada por mi familia nuclear y amigos más cercanos que me ha dado la energía que necesito para seguir adelante, pero sé que no es el caso de todos.

Traté otros meses más de seguir participando de las reuniones dominicales de mi Iglesia y, aunque casi nadie sabía sobre mi sexualidad, comencé a sentirme cada vez más incómodo al escuchar sermones sobre la vida que debería tener, la pareja que debería amar y las decisiones que debería tomar. Tardé mucho tiempo en aceptar que ir cada domingo se había vuelto nocivo para mi bienestar emocional y que era sano empezar a ver mi participación religiosa como una etapa concluida en mi vida. Me dolió mucho soltarla y aún me duele no ir, pero prefiero ver esos años como una época de aprendizaje y madurez. Hoy siento cariño, nostalgia y agradecimiento hacia La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días. Mucho de lo poco que soy se lo debo a lo que aprendí ahí. Siempre veré esa parte de mi vida como la que forjó mi carácter.

Aproximadamente hace un año y medio, durante el #NationalComingOutDay decidí hacer pública mi orientación sexual en todas mis redes sociales. Jamás lo hice con la intención de estar bajo el reflector y las miradas ajenas, sino para dar visibilidad y voz a todos los que se pudieran sentir identificados con mi situación. Hasta el día de hoy ha sido la experiencia que más cariño me ha permitido sentir de otras personas y, a su vez, la que más ha transmitido el mío. Durante esas horas, varios amigos y amigas de la Iglesia salieron del clóset conmigo y encontraron el valor para hacerlo con sus familias. 

Poco a poco he ido asimilando estos cambios, los cuales han tenido varias consecuencias. Dadas las recientes luchas por el reconocimiento de los derechos humanos en mi entidad, me he enfrentado a personas que durante años fueron cercanas a mí. Hoy, nuestra ideología es diferente y es triste ver cómo el amor cristiano e incondicional que profesa la institución religiosa es fraccionado por algunos de sus miembros volviéndolo selectivo y limitado para quienes no encajamos dentro del molde tradicional. Estas diferencias me han permitido expandir mi comprensión de la realidad que hoy vive la comunidad LGBT+, especialmente para quienes venimos de un fuerte contexto religioso. He aprendido la importancia de elevarnos, empoderarnos y conectarnos para forjar nuevas redes donde nos sintamos parte de una gran familia y donde son precisamente las diferencias las que nos unen.

Esta travesía no ha terminado y, seguramente, tendré muchas luchas por delante. Algunas serán en casa, otras en el trabajo, quizá en la escuela y, sobre todo, en la calle, pero estoy listo. Los valores y la fe que desarrollé cuando era activo en mi religión se han vuelto el motor de mi día a día y la fortaleza para sobrellevar las adversidades de la vida. Hoy tengo una relación personal con la deidad que yo mismo he creado, transformado y madurado.

Personalmente, todavía creo en la existencia de un ser supremo que no rige mi vida ni mis decisiones, sino que espera únicamente que sea feliz durante mi estadía en este planeta. Al final, quienes deseemos continuar depositando nuestra fe en Dios debemos recordar que Él no ve lo que mira el hombre sino lo que está en nuestro corazón. Dios ve todos los colores del arcoíris.

Puedes encontrar a Felipe en Instagram ( @lxrrrrd ) y en Twitter como ( @lxrrrrd )

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12 Comentarios

  1. Francia Triay

    Felipe, tienes mi admiración en todo este proceso de madurez que estoy segura no fue fácil. Tu lo has dicho todo….Dios ve todas las gamas de colores y mucho más allá de nuestro caparazón. Todo mi cariño y respeto.

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    • Felipe

      Gracias, Francia! Siempre te voy a recordar con mucho cariño! Nos estamos viendo pronto 🖤

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  2. Ya tu sabes quien soy jaja

    Yo te amo cada día más y me has he ho llorar, tu madurez y valor son incalculables y ten presente que la sabiduría y madurez espiritual que tienes sobre pasa a la de quienes te juzgaron

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    • Felipe

      👀 Dame otra pista jajaja no sé quién eres 😂

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  3. Ivan Mesias

    Siempre te admire en la misión, recuerdo que en una noche, pasadas las 10, dijiste «bueno, este es el paso de las once» y todos empezamos a caminar mas rápido. Tu buen humor, y tu elocuencia siempre te destacaron ( aun lo hace)
    independientemente a todo, sigo admirándote por enfrentar lo que no es fácil. Ojala algún día pueda volver a verte en México, o bueno, si quieres venir, bienvenido seas!! un abrazo fraternal.

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    • Felipe

      🖤 Jajajaja el paso de las 11 😂 lo recuerdo! Qué gusto que lo hayas leído, amigo. Un abrazo hasta donde estés!

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  4. Cristina

    Siempre serás el hijo amado de nuestros Padre Celestial, eso no lo dudes nunca 💕
    Atte: tu hija del FSY 2017 Cristina

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    • Felipe

      Criiiiiiiistina 🖤 te mando un abrazote!

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  5. Mariela

    Me gusta si sabes de algun grupo donde pueda yo conocer mas amigas y amigos.
    Soy mariela y miembro de la iglesia desde mi nacimiento.

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    • Felipe

      Hola, Mariela! Contáctame por Instagram @lxrrrrd

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  6. Sandra Padilla

    Te admiro por lo que siempre fuiste y serás, un ser inteligente, humano, valiente, fuerte y te felicito por esa valentía con la que hoy te abres al mundo.
    Que orgullo haberte conocido

    Miss Sandra

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    • Felipe

      El mejor comentario de toda la vida 🖤! Espero verte pronto!

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